Todo empezó hace algún tiempo... poco tiempo, en realidad; una acalorada noche de diciembre, en el inicio de un tórrido verano.
Comencé a ser asediada por XY mas o menos por esas vísperas...jej. Como es mi característica, lo pesqué poco. Él por supuesto siguió insistiendo con sus cumplidos y yo, poco a poco comprándole.
Salimos y es posible que XY fuera inteligente y encantador, pero era lo suficiente para alejarme de él; no pensaba involucrarme con un jovenzuelo así aunque me gustaba, por supuesto que me gustaba.
No recuerdo cómo fue que terminé enredada entre sus brazos aquella cálida noche. A decir verdad, lo único que me acuerdo de todo aquello fue esa habitación con luz tenue y el maldito olor del desodorante ambiental AROM de vainilla que se apoderaba del aire y me hacia sentir levemente mareada. De la decoración, los muebles, y lo que "hicimos" NADA! Solo decir que pudo ser mejorable como todo primer encuentro.
Tirada junto a él, mirándolo ( de lo único que me recuerdo es de la dulce línea de su cuerpo, je) comenzó la irritación hacia mi misma... -Qué chucha hago aquí?, que demonio maldito me guió hasta este lugar casi cegada, por diossssss!!! Y lo peor: que cresta pretendía él llamando e insistiendo.
Nooo, si lo que sucede es que este gallo se hubiera acostado con cualquiera, cualquier mina le hubiera servido igual,si así son los hombres; siempre lo tuvo todo planeado, terminaríamos en la cama de cualquier modo, que qué se habrá creído el cretino semejante, y bla, blá!... La cantidad de elucubraciones eran cada vez más iracundas y comenzaban a inundar mi cabezota.
Me levanté despacito, agarré mis cosas y salí, era como si hubiera escapado de un campo de concentración. Me sentí "libre", jaj!
Semanas después sonó el celu. Era él... No devolví la llamada, por supuesto; muchos días después, un mail que fue a parar olímpicamente a la papelera sin siquiera ver el encabezado. Como aún continuaba enfurecida, pensaba que todas sus atenciones eran sólo para alimentar su ego así que me olvidé.
Pasó un tiempo y volvimos a encontrarnos, esta vez fue el azar quien nos puso face to face...Lo que no olvidaré jamás es el rubor colegial con que me miró ese día...ese rubor fue el que me perdió para siempre. Lo quedé mirando y de repente una horrible revelación cayó sobre mi alma como enviada por el Espíritu Santo: es el weón más encantador que pisa la tierra entera, no hay caso!
Traté de balbucir algunas palabras agradables,pero no me saló nada, al contrario, dije puras incoherencias. Él, algo aturdido, respondió con monosílabos y se esfumó con las orejas rojas. Desesperada corrí a decirle que me llamara al llegar y le repetí el número de mi casa y de mi celu. (entera de arrastrá a esas alturas). Me fuí rajá a mi casa y me senté mirando los dos aparatos a ver cuál sonaba primero...Una, dos horas, en realidad no recuerdo cuanto esperé... Y llamó, lo mas increíble es que me llamó. De madrugada, pero llamó. - No vamos a poder vernos, me dijo el maldito, y yo a esas alturas recalentada por la espera , el insomnio,y la propia pelotudez, tuve la brillante idea de mandarlo a la chucha. A lo que él contestó antes de colgar estrepitosamente:" qué te quejai tanto, si la que arrancó fuiste tú. Tu lo desperdiciaste todo."
Ahora al calor de los recuerdos, tras haber esperado muchas llamadas que nunca llegaron de tantos galanes menos importantes, pienso en la decencia suya al llamarme y dar explicaciones.
Fulminantemente enamorada de XY hasta la mas recóndita célula y hundida en mi propia miseria por culpa de mi maldita estupidez, me lancé a buscar el famoso mail que ÉL me había mandado y que yo había hecho desaparecer entre tanta basura cibernética de mi tarrito. Busqué en los archivos borrados, en la papelera y en todas las carpetas... Ni rastro; aún recuerdo la desolación de aquella tarde, nunca iría a saber lo que me quiso decir en aquella maldita carta. La pasión casi obsesiva, me hizo recorrer la ciudad buscándolo en los lugares que solía frecuentar. Me metí en tugurios que nada tenían que ver con mi estilo, sólo para "evocarlo" .
Con el paso del tiempo he ido olvidando un poco... ya no siento la misma obsesión ni el mismo sentimiento de culpa de los primeros días, pero sí aún siento un pequeño cosquilleo al recordar aquel dulce rubor en sus mejillas al verme ahí esa bendita noche otoñal.